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Pequeños cambios: desodorante casero, ecológico y libre de crueldad animal



Llevo dos años sin usar desodorante.


Sé que esto puede impactar y que quizás pienses que voy apestando allá por donde voy o que soy una guarra que no cuida su higiene personal.


Te aseguro que:

  1. Me ducho con regularidad (con una regularidad aceptable, creo yo)

  2. Nunca (o casi nunca) huelo mal.


¿Pero cómo es posible si no uso desodorante?

Porque como pasa a menudo cuando algo nos sorprende, mi afirmación tiene truco.


Llevo dos años sin usar desodorante convencional. Ese es el truco.


Mi desodorante no se compra en el supermercado o en perfumerías. Tampoco va en un bote o en un spray. No funciona con roll-on ni huele a brisa de la montaña. No contiene ingredientes dañinos para mi piel o el planeta. No me ha costado más de unos céntimos ni ha sido cruelmente testado en animales.


Y, como compartir es vivir, aquí os voy a explicar qué es lo que uso y por qué:


Veréis, los desodorantes convencionales tienen muchos (pero muchos) puntos negativos. Desde sus ingredientes, pasando por su modo de producción y distribución, hasta cómo se degradan en la naturaleza.


Y hay algo que ofrecen estos desodorantes como un punto positivo y algo deseable que es completamente dañino para nuestro cuerpo: la anti-transpirabilidad.

Nuestro cuerpo necesita sudar, se diseñó así y así debe ser. Nuestro cuerpo no suda porque le dé la gana que olamos mal, sino porque lo necesita.


En el sudor, el cuerpo expulsa toxinas que no necesita ni quiere tener dentro y si nosotros nos aplicamos un producto que evita la transpiración lo que hacemos es bloquear esa vía de escape de toxinas, por lo que se quedan en nuestro cuerpo, donde no deberían estar.


Además, mediante el sudor el cuerpo se refrigera, algo que es necesario para su correcto funcionamiento.


Necesitamos normalizar que sudar es algo natural y que, además, lo necesitamos para vivir.


“Pero es que el sudor huele mal”. No es cierto.

Nos pondremos técnicos por un momento, si nos lo permites:


Existen dos tipos de glándulas sudoríparas; las ecrinas y las apocrinas.

Las ecrinas se encuentran, por ejemplo, en las palmas de las manos y en la cara pero ¿verdad que cuando te sudan las manos no huelen mal? Es porque las glándulas ecrinas expulsan en el sudor principalmente agua y sales minerales, que apenas generan olor.


Sin embargo, las glándulas apocrinas que se encuentran en las axilas liberan, entre otras cosas, lípidos y residuos, lo que le aporta al sudor un olor algo más intenso. Cuando el sudor toma contacto con las bacterias que viven en esas zonas se produce el olor desagradable que relacionamos con la falta de higiene o el haber corrido una maratón.


¿Y qué pasa si aplicamos un producto antitranspirante como el aluminio a nuestra piel?

Pues que evitamos que el sudor salga o que lo haga en una cantidad mucho menor de la necesaria. Con ello, no solo creamos “un tapón” que no deja al cuerpo liberarse de toxinas, sino que desajustamos su funcionamiento normal y corremos el riesgo de ocasionarle daños innecesariamente.


Total, que habiendo alternativas saludables, respetuosas con el medioambiente y económicas, ¿por qué no usarlas?


Te voy a dejar a continuación la receta que yo uso para elaborar mi desodorante. La receta no es mía, la podrás encontrar en muchos lugares de internet (precisamente porque funciona) pero quiero mostrártela y ayudarte a hacer este pequeño gran cambio.


Ingredientes para el desodorante:

  • Bicarbonato de sodio

  • Aceite de coco derretido

  • Maicena

  • Aceite esencial de árbol de té

  • Un recipiente (preferiblemente de cristal)

  • Una cuchara


Elaboración:

  • Mezcla el bicarbonato, el aceite y la maicena a partes iguales en el recipiente.

  • Añade unas gotas de aceite esencial de árbol de té.

  • Corrige cantidades. Si ves que queda muy líquido, añade maicena; si está muy espeso, añade más aceite.


Propiedades de los ingredientes:

  • El bicarbonato de sodio neutraliza los olores corporales e impide el desarrollo de las bacterias que causan el mal olor.

  • El aceite de coco es antibacterial y antifúngico.

  • La maicena absorbe el sudor.

  • El aceite esencial de árbol de té es antibacterial.


Como ves, no puede ser una receta más sencilla y efectiva. Te recomendamos muchísimo que la pruebes y encuentres tu propia combinación de ingredientes para el mejor resultado.


Consejo a tener en cuenta: cuando comencé a usar este desodorante noté algo que había leído en testimonios de otras personas que lo habían probado y es que los primeros días el sudor olía peor que de costumbre. Es algo completamente normal ya que dejas de usar un producto antitranspirante que impide a tu cuerpo deshacerse de toxinas y, de repente, “se abre la puerta” a que puedan salir.


Imagínatelo como cuando se abre una presa: se necesita un tiempo hasta que se regula la liberación de toxinas.


Por eso, nuestro aviso y consejo es que tengas en cuenta que durante las dos primeras semanas, tu olor será más fuerte de lo normal (nada que un par de duchas diarias no solucione, por otro lado). En cuanto pasen esos días te prometemos que todo se normalizará y acabarás amando esta receta.


No obstante, si no te encuentras cómodx con el producto o quieres una opción más sencilla que no requiera de tu elaboración y que cumpla con todas las ventajas que te comentamos antes, encontrarás opciones comerciales de este tipo de desodorante en internet y en algunas tiendas físicas que promueven el “zero waste”.


Esperamos que pruebes la receta y nos cuentes tu experiencia en comentarios.



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